Palestina de los Altos


  • Recuerdos para recuperar la historia
    Regresarnos a las raíces de donde fuimos arrancados


    ¡Salud!

    ?El recuerdo es en gran medida una reconstrucción del pasado con la ayuda de datos tomados prestados al presente y preparada, además, por otras reconstrucciones hechas en épocas anteriores de donde la imagen de antaño ha salido ya muy alterada?, escribió Maurice Halbwachs en su libro ?Memoria colectiva y memoria histórica?. Ateniéndonos al principio del sociólogo francés, la reconstrucción del pasado al amparo de recuerdos sostenidos por la vivencia propia, no siempre es tarea fácil y más, cuando por azares del destino, uno debe apegarse a nuevos esquemas de vida.

    Sin embargo y recurriendo a otro notable pensador, Henri Bergson, los recuerdos amontonados en la memoria, tarde o temprano buscan su liberación y flotan en el cerebro hasta encontrar la puerta de escape. ?Todo el pasado permanece entero en nuestra memoria tal como ha sido para nosotros, pero ciertos obstáculos, en particular el comportamiento de nuestro cerebro, nos impiden evocar todas sus partes?, ha dicho el filósofo, también francés.

    Tal reconstrucción lleva implícita la idea fija de recuperar en parte, la historia de un pueblo rico en tradiciones y costumbres, cuyos habitantes han sido, siempre, protagonistas directos de ésta. Esa es la razón por la que desde febrero del año pasado, decidí liberar los recuerdos, por un lado, para atemperar los golpes de la nostalgia y por otro, para estimular la memoria colectiva, especialmente de los palestinenses, y regresarlos (más bien, regresarnos) en cierto modo a las raíces de donde muchos fuimos arrancados por razones diversas.

    Muchos meses antes de emprender éste modesto proyecto, pasaba horas enteras hurgando en los buscadores de Internet algo que paliase mi sed y hambre de Palestina de los Altos. La página oficial del municipio y un sin fin más de sitios relacionados en los que una y otra vez, salía a relucir la trágica carretera que cobraba su cuota de sangre, especialmente en la ?Vuelta de los payasos?.

    Los recuerdos ya deambulaban entre la idea y la acción. Fue la tarde-noche del 14 de febrero del 2007, después de enviar mi trabajo a los diarios donde publico mi columna, que me puse a explorar en las páginas prestadoras del servicio. Lo abrí en Windows Live Spaces. El primer artículo ya lo tenía escrito desde hacía meses; lo había enviado a los administradores de la página oficial de Palestina como una aportación y me respondieron que lo analizarían. Nunca lo publicaron.

    En un mes, apenas mis visitas en el dichoso blog; siete en total. Terrible decepción. ¡No aparecía en ningún buscador electrónico! A la par del blog de Palestina de los Altos, abrí el propio con mis artículos periodísticos. Igual, un fracaso rotundo, hasta que un colega me hizo el favor de enviar la dirección electrónica de su blog. Reparé en el servidor de Blogger y mudé a éste los dos blogs. Eso ocurrió el 3 de abril de ese mismo año.

    Mi sorpresa fue que al siguiente día, el de Palestina reportaba un total de 9 visitas. Salté de la alegría. Desafortunadamente, los blogs con contenido erótico y pornográfico o con lenguaje soez e impertinente, son los que reciben visitas por montones. El nuestro, por tanto, es de los que menos reciben. Y tener en el primer día 9 visitas, fue en lo personal, un logro más importante que los descubrimientos de la NASA en Marte.

    ¿Cuál es entonces, la razón del artículo de hoy? ¡Que ya llegamos a los 10 mil visitantes! Para quien, como yo, que últimamente se ha dedicado a vivir de aquellos recuerdos, es una ganancia extraordinaria. Porque son, para hoy, más de 10 mil personas que, de una u otra forma, conocen a nuestro querido pueblo? y entre esa cifra, muchos amigos de la infancia que han recordado aquella época, que han recordado a nuestra gente y sus costumbres, tradiciones y cultura.

    Me congratulo de haber dado ese paso porque a través de éste modestísimo espacio cibernético, he recuperado a mi familia, a mis amigos y he hecho nuevas amistades. Debo agradecer la terquedad de mis recuerdos, que fueron los que me impulsaron a servir a todos ustedes. Como dijera Angels Vinuesa: ?Recuerdos que desearías volver a revivir con la misma intensidad que has vivido, y que solo los disfruta tu imaginación.? Gracias a Ustedes por sus visitas. Sin Ustedes, hoy no hubiese tenido motivo para celebrar. ¡Salud!


  • Historia de locos, leyenda para cuerdos
    La verdadera historia de Joaquín... Y nosotros, los auténticos locos


    No es menester andar desnudos
    por las calles violentando la paz
    de otros para mostrar locura; basta
    con exhibir indiferencia y fingir cordura...

    Estimado (a) Anónimo (a):
    Es realmente conmovedora la historia de Joaquín; créame que no la había escuchado, seguramente porque en más de 20 años yo no tenía noticias certeras de nuestra Palestina. El relato del loquito que ví en San Marcos me hizo recordar la petición de escribir algo sobre el singular personaje del que Usted, amablemente, hace referencia. Dadas las características, asumí ?bajo el instinto de periodista que me persigue desde que decidí serlo y que posteriormente, me instó a escribir tajos de nuestra muy especial y particular historia? que aquel hombre que ví en la Ciudad de San Marcos, era el mismo que deambula por Palestina.

    Acogido el error de apreciación como gaje del oficio sin tener la menor intención de desorientar a
    los lectores que hacen el grandísimo favor de leer éste modesto blog, agradezco su interés por señalarlo y le ruego, muy encarecidamente (?por vía de Dios?, como dijera un caro amigo de por acá), que se sienta con entera libertad para ayudarme a corregir lo que Usted considere necesario y pertinente.

    Por otro lado, permítame agradecer la mención que hace Usted de otro personaje: El ?Juan Loco?. No le recordaba; sí en cambio a ?Güicho Loco?, aquel señor de cabello y bigotes canos que solía aparecerse por temporadas en Palestina y era cobijado por la generosidad de don Tin Monterroso y su gentilísima esposa, doña Panchita Godínez.

    A Güicho le recuerdo con un suéter verde pálido, un viejo loro malcriado y un radio Nivico de dos bandas que escuchaba a todo volumen? Bueno, es un decir, porque en realidad, Güicho Loco era sordo, no sé si de nacimiento o adquirió la sordera en alguna de las fincas cafetaleras a donde, contaba a gritos a mi señor padre, iba a trabajar durante la época de cosecha del aromático grano.

    Güicho era un gran conversador; acostumbraba charlar a gritos, de tal manera que más de la mitad del pueblo daba oídos a sus interminables peroratas que se alargaban ?por lo menos en casa de mis padres cuando se juntaban mi padre, Angel María, don Julio Godínez, Porfirio Godínez don Liberio Morales y él? hasta pasada la media noche. Si Güicho Loco hubiese sido escritor, no dudo que hubiera sido un excelente narrador. Los patojos, que por obligación o por shutes, nos quedábamos a escuchar las historias contadas por él, créame que disfrutábamos en grande las fantasías que le brotaban como torrentes de genialidad.

    Luego entonces, no estaba tan loco. Enloquecía, sí, cuando algún güiro deschavetado le gritaba ?¡Güicho Loco?! en la calle. Claro, era el deporte municipal de la patojada cuando Güicho se aparecía por Palestina. Creo, finalmente, que le decían ?loco? porque tenía la feliz costumbre de hablar solo mientras sembraba, limpiaba o cosechaba la milpa. Hubo quienes juraban a pie juntillas que Güicho tenía pacto con el diablo porque nunca envejecía; había más de un señor de edad que aseguraba que cuando era niño, Güicho ya era como era y que sus tatarabuelos le habían visto igual. Quién sabe.

    Juan Loco, ahora lo recuerdo, tampoco estaba tan en desacuerdo con la sensatez; más bien era un personaje retraído que nunca se desprendió de su chaqueta negra de lana cruda, aún así el mundo estuviera en llamas. Se violentaba cuando la cusha tomaba control de sus actos y de ahí el mote le sentó de mil maravillas, aunque con el tiempo y debido a su perpetua embriaguez, terminó por perderse en la inercia que lo hizo ver como un loco de remate que había perdido incluso, el sentido del gusto, de tal manera que una de tantas noches en que no teníamos absolutamente nada qué hacer (ya era habitual) a uno de los que andábamos sueltos y creo que hasta más locos que él, se le ocurrió llenar su botella de charamila con meados y sin chistar, la consumió hasta no dejar ni brisa dentro del recipiente.

    Entre otros personajes de Palestina que gozaban de ésa fama estaba ?Tortí con Tortí? que Luís Morales Hidalgo (El Chinito) me asegura que era un hombre y no una mujer como yo creía. En todo caso, recuerdo a una loquita que andaba siempre con un matate en la espalda y una vara de bilil y de la que hago referencia en uno de los artículos en éste blog.

    La historia de Joaquín, como Usted me la cuenta, es triste. Es éste, un hombre que quedó huérfano desde su niñez, cuando un voraz incendio arrasó con su casa, muriendo en medio de las llamas, sus padres. Milagrosamente, Joaquín logró salir del infierno y salvó la vida. Dada su extrema pobreza y la carencia de otros familiares, se quedó sólo, viviendo en compañía de un rebaño de ovejas, sin ropa ni alimentos.

    Nunca aprendió a hablar, refiere Usted y se vio obligado a vivir en el mismo corral donde pernoctaban las ovejas que finalmente, le abandonaron una a una? A otras se las comió, digamos, en carne viva. De ahí su costumbre de robar carne en las carnicerías y comérsela cruda. Su desnudez, parte es de su extremísima pobreza, por un lado y por otro, asumo, por la falta de actividad de sus sentidos. Vive, entonces (o mejor dicho, sobrevive) de hierbas y carne cruda? Y más miseria y más pobreza extrema.

    Se me ocurre que a Joaquín, quizá no le falten sus cinco sentidos; talvez le falte amor, comprensión, sentido de dignidad humana. Digo. Créame que la historia que Usted me ha contado sobre éste hombre, me ha puesto a pensar en muchas cosas. Una de éstas es que, a veces ?si no, la mayoría de éstas? los que creemos estar cuerdos estamos más locos que los que pensamos que lo están. No es menester andar desnudos por las calles violentando la paz de otros para mostrar locura; basta con exhibir indiferencia y fingir cordura, para estar en las mismas condiciones de nuestros locos.

    Locos que, por mera coincidencia con nuestras condiciones sociales, se vuelven leyenda, una fábula fantástica que nos obliga a reconocer que somos, al final de cuentas, locos con un tema en la punta de la lengua, dispuestos a construir quimeras y levantar casas utópicas donde podamos resolvernos como seres humanos.

    Le reitero mi profundo agradecimiento por su atento comentario y le refrendo la súplica (que hago extensiva a amigos, paisanos, familiares y lectores en general de éste blog) de ayudarme a hacer de éste espacio, un lugar común a donde concurramos, todos, en busca de nuestras raíces.

    Sinceramente

    Angel Flores.

    Pd.: Aprovecho para agradecer a doña Charito por las fotos de los Centuriones de Semana Santa en Palestina, que hizo favor de enviar. Estoy a la espera de un texto explicativo de los misterios de esa tradición palestinense, única en Guatemala, que ofrecieron enviarme. Soy franco en admitir que no conozco el fondo histórico y cultural de esa tradición propia de nuestra amada y recordada tierra. Saludos.


  • San Cristóbal, veneración colectiva en Palestina
    El gigante de Cananea, patrón de choferes


    Una de las tradiciones de Palestina que se niega
    a morir a manos de la modernidad.

    Al primer tronido, mamá se ponía de pie e iniciaba el griterío para obligarnos a salir de la cama; eran las cuatro de la mañana del 25 de julio de cada año. Intentábamos ignorarla, pero las campanas de la iglesia se empeñaban en acompasar la insistencia maternal para acudir, presurosos, a los maitines o alboradas, en los que iniciaban los festejos al patrón de los choferes: San Cristóbal, el gigante de Cananea que, cuenta la tradición, cruzó al Niño Jesús por un vado peligroso.

    En el atrio, los choferes destacados del pueblo (que formaban una cofradía en honor al santo festejado) daban la bienvenida a los feligreses que poco a poco ocupaban las bancas de la vetusta Iglesia de madera. Café, chocolate, paches (tamales rojos) y pan recién salido del horno de doña Tea y doña Trinis, eran servidos una vez que doña María Hidalgo, doña Panchita Godínez y
    doña Martha Jiménez, terminaban los rezos, por ahí de las 6 de la mañana. Infaltable, la marimba ?Gloria Altense?, de los hermanos Cancino Morales, también conocidos como ?Los Chunes?.

    Para las diez de ese mismo día, el desfile de camiones y carros vestía de alegría al pueblo. Vejigas de diversos colores, cadenas de papel de china vistosas y ramas de cerezo, adornaban los camiones de don Polo Noriega, don Chava Monterroso, don Edgar Morales, don Juan Peñalonso, don Anselmo (perdón, olvidé el apellido), don Lolo Recancoj, don Belisario (otro apellido que se me va), don Manuel Monterroso, don Juan de León, don Isaías Cifuentes, don Jacobo Morales (el famoso camión que conocimos como ?El Soberano?), el camión de Ranferí, los camiones de don Walberto Maldonado, el taxi de don Wiliam de León, el camión de don Enrique Villagrán, el de Otto de León y su hermano Noé que manejaba un camión de la Coca-Cola (¿así se apellidaban?), el de Gundemaro López, la vieja pick-up anaranjada de los hermanos ?Campero? ?uno de los cuales hoy es el alcalde de Palestina?, carros de El Edén, Buena Vista y El Carmen e incluso, de San José Granados y Chuicabal, aldeas de San Antonio y Sibilia, respectivamente.

    Algunas veces, el desfile iniciaba desde Buena Vista; otras, de la Curva de ?Los Payasos?; el recorrido siempre fue interesante. Los otros ?choferes? que nunca faltaban en los desfiles, éramos los patojos que, ?conduciendo? ruedas de hule y acero, corríamos como locos al lado o delante de los carros. Luego venían los partidos de fútbol, en el viejo campo, entre ríos; por la tarde, encuentros de básquetbol y hasta la noche, baile de gala, por lo general, de entrada libre, en donde muchas veces bailé con Araceli Escobar, bellísima patoja de El Carmen. Pero a mi me encantaba bailar con Doña Maruquita Hidalgo Flores, prima hermana mía y madre de Enma, Edilsa, Nikis, Roel, Aroldo, Chepe y Güicho, mis primos (en realidad, sobrinos) a quienes, por favor de Dios, estimo en gran valía.

    Generalmente, por las tardes, los patojos imitábamos el desfile de la mañana; algunos con ruedas, otros en las incansables bicicletas que alquilaba Arnulfo Monterroso Escobar. Nunca lo olvidaré: en la curva que daba arranque a la calle que lleva hasta la casa de Marcos Escobar hasta la escuela ?Rafael Landivar?, una de esas tardes, los frenos no me respondieron y fui a parar con todo y fierros viejos a la orilla del río. Arnulfo, que fue siempre un hombre comprensivo y decente (y lo sigue siendo) sólo se rió y no me cobró la reparación del artefacto.

    Cómo siempre, el santo de la devoción, quedaba condenado al olvido. Pero, ¿quién era Christóforos? Cuenta la leyenda que éste fue un esclavo apuesto y fuerte que, en su propia condición, solía sólo servir a amos fuertes y dignos; una ocasión, el amo a quien servia, tuvo un ataque de pánico que le hizo temblar bajo el argumento que estaba viendo al demonio.

    Cristóbal, que en griego significa literalmente ?portador de Cristo?, decidió buscar a un nuevo amo, capaz de hacer temblar al que entonces abandonaba. Buscó por muchos lugares al demonio, sabedor que éste era superior a su anterior amo. Encontró a un brujo que le hizo saber que el único ser capaz de hacer temblar a todos, era el diablo; decidió buscarle para servirle. En su recorrido, pasó junto con el brujo, cerca de una cruz, la cual evitó el hechicero bajo fuertes temblores de pánico. Ahí se enteró que el diablo también tenía miedo a quien murió en ésa cruz.

    Entonces decidió buscar a quien hacía temblar al diablo, quedándose en un vado peligroso, ayudando a la gente a cruzarlo, dada la fuerte correntada de agua. Un día, tomó en sus hombros a un niño que intentaba pasar el vado, haciéndose la carga excesivamente pesada que le tomó mucho esfuerzo alcanzar la orilla del vado. Una vez del otro lado de éste, Cristóbal preguntó al niño la razón por la que padeció en demasía el traslado.

    El niño respondió que el peso se debía a que cargó todo el peso de los pecados del mundo y se identificó como Cristo, el hombre que él buscaba para servirle. Su verdadero nombre era Ofero o Reprobus, un gigante apuesto que medía dos metros y medio de estatura.

    Otras versiones apuntan que Cristóbal se llamó Relicto, nacido en Tiro ó Sidón, cuyo carácter fue siempre benévolo y sirvió al emperador romano, a quien consideraba el rey más poderoso de la tierra, hasta que descubrió que temblaba con la sola mención del nombre de Jesús.

    Se dice que una vez que pasó al Niño Jesús por el peligroso vado, el Señor le cambió de nombre y le pidió que acudiera a Antioquia donde fue bautizado en el cristianismo por el patriarca de la Iglesia, Babilas. Cristóbal empezó a evangelizar en Samos. Por orden del emperador Decio, Dagón, prefecto de Licia, ordenó flagelarlo con varillas de hierro, un casco al rojo vivo sobre la cabeza y, mientras se consumía sobre una plancha de hierro a fuego lento, le fueron lanzadas flechas hasta que al día siguiente, se ordenó decapitarle. Muchas otras leyendas fantásticas hay sobre San Cristóbal, lo que ha llevado al Vaticano a retirarlo de los altares, pese a la popularidad del santo.

    La enciclopedia Wikipedia, con fundamento histórico reciente, apunta sobre San Cristóbal: ?No resulta raro encontrar a otros personajes que hayan sido elevados a los altares y lleven el nombre de Cristóbal como a San Cristóbal el Bárbaro (mártir sirio del siglo IV), al beato Cristóbal de Campobasso, franciscano del siglo XV, San Cristóbal de Collesano (siciliano del siglo XV)?. Aunque obviamente el más popular es Cristóbal de Licia (sobre quien habla este artículo). El culto a San Cristóbal de Licia es de origen oriental, llegando a Occidente después del siglo V, de Constantinopla llegó a Sicilia y de allí a Europa Occidental.?

    Durante la Edad Media fue de los Santos más venerados; en su honor se hicieron templos y monasterios, tanto en oriente como en occidente. La fiesta de San Cristóbal en occidente se celebra el 25 de julio y en oriente el 9 de mayo. Aunque en la tradición hispana se celebra el 10 de julio (de acuerdo con la tradición mozárabe) para dejar libre el festejo a Santiago Apóstol.

    San Cristóbal fue venerado como uno de los Catorce Santos Auxiliadores y santo patrono de los choferes. Erasmo de Rotterdam criticó su culto en su obra ?Elogio de la locura? ó ?Elogio a la locura? (Moriae Encomium).
    Se presume que las reliquias del santo podrían estar en la catedral de Morelia, México, como obsequio de la Santa Sede por la inauguración de la diócesis en el siglo XVI. Igualmente tiene un papel importante en la Santería, siendo la representación de Agayú.

    En febrero de 1969, Paulo VI ordenó revisar el calendario litúrgico para suprimir a los santos de cuya existencia no hubiesen pruebas. Junto con Jorge de Capadocia, patrón de Inglaterra, y otros santos, se dictaminó en abril del mismo año, la eliminación de San Cristóbal del santoral, aunque se mantuvo el derecho a su representación iconográfica y veneración por razones históricas. Hasta ese momento, San Cristóbal había sido venerado como uno de los Catorce Santos Auxiliadores.

    No obstante las medidas hasta hoy no ratificadas o ignoradas por el Vaticano, la veneración de San Cristóbal es, en lugares tan iconográficos como Palestina de los Altos, un ritual que deslumbra, pero también, que denota sincretismo religioso que obliga por lo menos a la aceptación tácita de una costumbre que, seamos francos, deja sus dividendos a la Iglesia Católica.

    Con admisión o no del Vaticano, éste 25 de julio, en Palestina, sin duda, habrá liturgias y veneraciones que recuerdan que éste, es un pueblo vivo, lejos de las disposiciones de los hombres, pero cerca, muy cerca de Dios.


  • Curandero, periodista, sastre, poeta, dentista, es...
    Don German Miranda, personaje y figura de Palestina de los Altos


    En el lobby del Hotel "Cabildos" de Tapachula,
    don Germam cuenta su llegada a Palestina.

    Desde su llegada me llamó la atención aquel hombre entrado en años; entonábamos el Himno Nacional de Guatemala y él lo cantaba acompañando cada nota con las manos, como si estuviese frente a un grupo de estudiantes de primaria. A los periodistas mexicanos también llamó a curiosidad. Cuando tocó el turno al Himno Nacional mexicano, él permaneció imperturbable, pero muy respetuoso. Vinieron las actividades propias de un Congreso de Periodistas y me olvidé del episodio, aunque aquella mirada, aquel rostro no se apartaba de mi mente.
    A la hora de la comida, en la paradisíaca ?Casa Grande de Santo Domingo?, en la cintura del volcán Tacaná, del lado mexicano, me tocó compartir mesa con parte del grupo de comunicadores procedentes de Quetzaltenango, San Marcos, Tapachula, Cacahoatán, Reforma, Tuxtla y Veracruz. La charla de comida transcurría entre diversos temas hasta que salió a colación el de las nacencias, como dijera alguna vez el gran Jaime Sabines.

    ?¿Conoce Usted Xela? ?me preguntó el periodista quetzalteco Juan Antonio Samayoa.

    La mayoría de colegas mexicanos soltaron la carcajada y a coro gritaron: ?¡Si de ahí es!?

    Samayoa se quedó en una pieza. Hizo mil preguntas y les respondí más de tres mil de un hilo. Cuando le mencioné Palestina de los Altos, no me dejó terminar.

    ?Con nosotros viene un patojo de Palestina ?informó.

    ?¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Hijo de quién es? ¿Quién
    es su padre? ¿Es periodista? ¿Dónde escribe?

    Se levantó de la mesa a medio comer y salió en busca del ?patojo? para decirle que ahí había uno de los suyos. Al rato regresó sin nadie a su lado. ?Está platicando con otro compañero y solo le dije que lo quiere conocer; ya vendrá por acá?. Terminó la comida y mientras, con algunos colegas chiapanecos degustábamos un cigarrillo y hacíamos planes para escaparnos a Unión Juárez a comprar chocolate recién salido del horno, se volvió a aparecer Toño Samayoa acompañado del mismo señor que ví por la mañana cantando de manera peculiar el Himno Nacional guatemalteco.

    ?Este es el patojo ?me dijo dejándole frente a mí.

    Vestido de camisa azul y pantalón a diminutos cuadros blancos y negros, aquel hombre me tomó la mano y me quedó mirando fijamente sin decir palabra. Yo también estaba atolondrado, tratando de reconocer aquella mirada.

    ?¿Vos quién sos, pues? ?Inquirió sin quitar su vista de mis ojos.

    ?Soy hijo de doña Luisa Adriana y don Ángel María.

    ?¡Ah, ya se vos! Sos hermano del Burrito (mi fallecido hermano René Arturo), el Lipe Lara (así apodaban a mi hermano Felipe) y el Macaco (mi otro hermano, Nery)? Sos el chipilín (chipe) de la familia. Sos el? ¿Cómo te decían de apodo?

    ?Tuve tantos apodos, pero el más conocido era ?Colores??

    ?Sí vos, ya me acordé de vos.

    Él ya sabía quién era yo, pero yo, ni idea de quién era él. Pensé que sería una grosería preguntarle quién era, pero me aventuré a hacerlo, siguiendo mi natural instinto de preguntón, como cualquier periodista.

    ?Soy German Miranda, tu servidor y amigo ?Dijo con firmeza.

    ?Yo estudié junto con sus hijos, Amilcar y German; a un
    o le decíamos el ?Shoparón?. Usted tenía una sastrería.

    ?Sí, ahí junto a la casa de don Juan de León y Ranferí; en medio.

    La reidentificación fue absoluta. Hablamos de las familias, de aquel pasado que parece que fue ayer mismo. Como organizador del Congreso, tenía yo muchas ocupaciones; así que le pedí un tiempo por la noche para sentarnos a platicar en el hotel sede del Congreso y donde además, estábamos todos hospedados.

    ***

    Me impresionó la capacidad de recordar de don German. Mencionó a algunas familias que, francamente, yo ya no recordaba; los Colomo, dos ancianitos que vivieron en una vieja casa de madera a contra esquina de lo que ahora es el mercado municipal, por citar un ejemplo. También me llamó la atención que mencionase a la mayoría de los compañeros de estudios de sus hijos.

    Entre éstos, a Próspero Calderón Ochoa, de quien supe recién por una ahijada suya, Raquel, que ha muerto hace un año. Roger Villagrán, Sergio Natareno, Carlos Monterroso, Oswaldo Escobar, Miguel Peñalonso, José y Genaro Monterroso, en fin, a la mayoría de quienes compartimos aulas y maestros en la ?Rafael Landivar?.


    Me resulto además, un narrador nato, profundo y por supuesto, un poeta irreconciliable con las normas literarias que solo gustan a los críticos del arte. La sencillez con que aborda temas de todo calibre, me dejó quieto mientras hablaba sin parar.

    ?¿Cuándo llegó Usted a Palestina?

    ?Mirá vos, yo llegué a Palestina en el año 1964; ya había trabajado en éste lado, en Mazatán, cerca de Tapachula. Luego me fui a Génova, Costa Cuca, Coatepeque, Xela. A Palestina llegué nomás por 15 días o tres meses. Yo era enfermero, sastre, curandero de quemaduras, sacaba muelas. Nomás fui y mirá que me quedé para siempre.

    ?¿Qué le gustó de Palestina?

    ?Nada. Era un pueblito sin gente, sin nada. Pero don Rogelio Monterroso, que sabía de mis habilidades de enfermero, me pidió q
    ue me quedara para ayudar al médico que llegaba a dar consultas cada 15 días. Entonces no había carretera sino camino de lodo y tardaba el doctor en llegar dos días de Xela a Palestina. Yo me quedaba dando remedios a los enfermos, aplicando inyecciones y cosas así. Doña Maruquita Hidalgo Flores, era la que aplicaba inyecciones, pero a veces no se daba abasto y yo ayudaba en lo que se podía.

    ?Don Rogelio era entonces alcalde, ¿cierto?

    ?Así es. El me dio un localito ahí en donde estaban las carnicerías de madera y ahora está la Biblioteca. Pero nunca faltan las envidias y el alcalde que llegó, don Isaías, sin previo aviso, me corrió y otra vez, don Rogelio me dio otro lugarcito y así, me fui pasando la vida, contento con el pueblo, porque no hacía daño a nadie, ni me hacían daño a mí.

    ?Usted siempre fue un personaje discreto, nunca le ví en las tertulias públicas que se formaban por las tardes? Pocas veces le ví en los partidos de fútbol o básquetbol que se armaban cuando había fiesta.



    ?El hombre debe ser siempre cuidadoso con su única fortuna: la familia. Si alguno se descarrila, ya es su cuento. Los amigos también son un tesoro, pero si ves mucho a tu tesoro, te volvés ambicioso y terminás gastándolo en minucias. Mejor es conservarlo con discreción, que nadie sepa la calidad de tu tesoro. Pero por otra parte, es bueno no dar de qué hablar a la gente; si pueblo pequeño es un infierno, imagináte a Palestina con el tamaño que tenía, pudo ser el infierno y una copia, pero afortunadamente, desde que tengo memoria, Palestina nunca fue un infierno, sino la Gloria de Dios y ¿para qué volverlo infierno?

    ?Yo siempre he dicho que Palestina ha dado buena semilla; de mis compañeros de generación y la generación de mis hermanos, no ha habido un mal ejemplo, un mal hombre, una mala mujer?

    ?No pues. Palestina era ?porque ahora ya es una villa? un pueblo chico, pero con gente grande, respetuosa, educada, con principios y valores. Eso es lo que me gusta de mi pueblo y me hace sentir orgulloso. No faltará el que se salga de las normas, pero es muy raro; es hasta revolución cuando algo grave pasa.

    ?Cuénteme, cómo es que de pronto Usted se inmiscuyó en el periodismo.

    ?No soy solo periodista; soy poeta también. Escribo versos. Talvez nadie los sepa o conozca lo que escribo, pero eso no importa. La poesía es la ventana por donde el alma se escapa para dar vida a la esperanza. Y en Palestina como en muchos pueblos de Guatemala, nos hace falta mucha poesía para entender nuestras fortalezas y debilidades; para entendernos a nosotros mismos, conocernos y ayudarnos. El periodismo es denuncia contundente, pero la poesía, es denuncia con vitalidad y entereza, porque queda, mueve y concientiza. La poesía tiene espíritu; el periodismo es el cuerpo donde se aloja la poesía. Es decir, el periodismo es el conductor de la poesía.

    La conversación es interrumpida por un colega que se asoma para pedir la clave de ingreso a mis archivos de la computadora. ?Queremos una copia del programa para el día de la clausura?, argumenta. Además, alguien quiere bajar de la Internet una copia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Un grupo de periodistas habían estado prudentemente a distancia en espera de alguna consulta. Aprovechan para abordarme y acaban con el hilo de la plática. Atiendo todas las peticiones, doy algunas instrucciones y se van.

    ?¿Qué es lo que hacés, pues, que todo lo tenés que resolver vos? ?pregunta don German mientras nos acomodamos de nuevo en los sillones de cuero. ?Ahora te voy a entrevistar a vos ?advierte.

    ?Mire don German, soy presidente del Frente de Periodistas, la organización más fuerte y respetable de periodistas y, junto con la ARRPRECH y el periódico ?El Orbe?, somos los organizadores de éste Congreso. Por eso es que me ha visto para arriba y para abajo en este evento.

    ?¿Cómo llegaste aquí?

    ?Es una larga historia que habré de contarle en otra ocasión porque por ahora, Usted es nuestro invitado y yo de aprovechado, quiero entrevistarle para un blog en Internet que escribo sobre Palestina. Pero no quiero ser grosero y a grosso modo, le cuento que desde el año 1987, vivo en México, luego que en Guatemala se me persiguió injustamente, a raíz, por un lado, de mi forma de pensar y escribir y por otro, de la ambición de unos empresarios para los que trabajé e hicieron creer a algunas autoridades que yo era guerrillero y, a algunos mandos de la guerrilla, que yo era kahibil. Un enredo criminal que tras varios intentos de asesinato, tuve que salir, primero, a Costa Rica y luego, pasé por varios países como Argentina, Bolivia, Colombia, Panamá, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Chile, El Salvador? En fin, todo un recorrido por América Latina, hasta que el destino me marcó un alto en México. Y acá estoy, ahora, ante Usted, con la frente en alto, sin nada de qué avergonzarme. Pero?

    ?Dígame, ¿cuál es su opinión de la gente de Palestina?

    ?Palestina es un pueblo de gente ilustre; gente noble, sin pertenecer a la nobleza aquella de la que los europeos se ufanan aunque vivan de los escándalos. Nunca, desde 1964, he sabido de un escándalo de la nobleza de la gente de mi Palestina. No conozco a uno solo que sea deshonrado; tendrán sus diferencias, tendrán sus pleitos, pero nunca un acto de deshonradez. No conozco gente más honrada que la de Palestina. Hasta don Isaías que me corrió del local, era un hombre honrado; sus razones tuvo y yo, como ciudadano, las acaté, aunque me quejé con quién debí hacerlo porque era mi derecho.

    ?Es un pueblo bragado en asuntos morales?

    ?Mucho, pero también es un pueblo comprensivo. No faltan los chismosos como en cualquier pueblo, que se dedican a inventar historias, pero de ahí no pasaba. Me acuerdo, por ejemplo, cuando una muchacha salió embarazada y como no encontraban al culpable, decían que ?el cadejo? la había embarazado y hasta decían que su papá había sido el ?ganón?, pero nada de eso, con el tiempo, apareció el galán y tan tan, el asunto quedó en puro chisme. También me acuerdo cuando una indígena, muy famosa por sus babosadas, salió con su panza, le echaban la culpa a todos. ¡Hasta tu papá estaba en la lista!

    ?Usted se sabe toda la historia de Palestina, ¿Qué me puede decir de ésta?

    ?Mirá, cuando yo llegué, Palestina ya era municipio. De oídas sé que es una historia digna de estar en los anales de la historia general de Guatemala, principalmente porque en medio de la historia hay anécdotas que, puedo asegurar, ningún otro pueblo de Guatemala tiene. ¿¡Te imaginás la seguridad de sus fundadores para dar al Presidente del país una lección de humilde serenidad!? No creo que ningún otro pueblo tenga gente con esa calidad humana para ver al Presidente de la República, no como a un dios, sino como a un hombre más, con sus debilidades y con sus limitaciones. Eso solo la gente de Palestina de los Altos puede hacerlo, porque es un pueblo permanentemente embarazado de inteligencia y cordura, a pesar de que algunos malpensados opinen que fue una falta de respeto ofrecer cerveza al señor Presidente.

    Don German se pone de pie. Camina entre los sillones del lobby del hotel y bromea respecto a las constantes interrupciones de los demás periodistas. ?Si seguís así, sin atenderme, me voy a mi cuarto; no tenés paz vos?, me dice entre risas.

    Tuve intención de invitarle a un bar para platicar más a gusto, pero yo mismo había dado la instrucción que esa noche, nadie gozaría del derecho a desvelarse debido a que al otro día, tendríamos el acto principal con las autoridades, dado que se celebraría el Día de la Libertad de Expresión; además, yo no había escrito el discurso que daría con ese motivo y debía hacerlo. La plática, por tanto, se vio truncada. Le acompañé hasta su habitación y bajé a la mía para concentrarme.

    ?Si me entrevistaste, ¿dónde vas a publicarla? ?quiso saber mientras subíamos las gradas al segundo piso.

    ?En el blog de Palestina, en Internet ?expliqué.

    ?¡Ah! Entonces le voy a decir al ?Tush? que me ayude para verla; él sabe de esas cosas ?acotó.


  • En busca de Joaquín, el escurridizo
    Perdido en las calles de San Marcos y Palestina


    Fue en ésta calle de San Marcos donde
    ví por primera vez a quien se me figuró
    Joaquín. Al fondo, curiosos rodean la
    perfumería que destruyó un camión,
    un día después que volví a verle por
    segunda ocasión.

    A cada loco su peculiaridad. De Joaquín nunca oí hablar hasta el día en que un lector pidió un texto acerca de él. ?Anda en la calle vestido en sólo una chaqueta?, es toda la referencia que da el solicitante. ?Pues sí, debe estar loco de remate como para andar desnudo en un clima como el de Palestina?, pensé cuando leí el mensaje.
    Una semana después, Joaquín se me apareció de la nada. La luenga barba titiritaba al son que le mandaba la quijada; su largo cabello rizado ?ya por la mugre, ya porque así lo decidió la naturaleza? en cambio, permanecía inamovible, pegado a los hombros. Los resaltados pómulos se pronunciaron más cuando sonrió al verme petrificado frente a él.

    Siempre he tenido especial cuidado con los loquitos desde que una tarde, la ?Viva Chiapas?, una loquita que deambula por las calles de Tuxtla Gutiérrez, al pasar al lado de ella, me pegó soberbio varijonazo en la espalda que me hizo tataratear como diez metros.

    El hombre estaba completamente desnudo; una rala camisa, sucia y a rayas azules, llevaba a modo de bufanda sobre la nuca y el cuello. Los brazos formaban una ?x? sobre su pecho. Al mismo tiempo nos bajamos de la acera y volvimos a quedar de frente. Se me heló la sangre; pasé como pude y seguí caminando como si nada. A unos metros estaba la entrada del hotel donde nos hospedamos el grupo de periodistas de México que asistimos a la Cumbre Internacional de Periodistas celebrada en la Ciudad de San Marcos.

    En la recepción recordé la petición de escribir sobre Joaquín. Salí más loco que él para seguirle y hacer algunas anotaciones sobre su comportamiento. Había desaparecido. Caminé hasta el mercado y nada.

    Al otro día le volví a ver; estaba parado frente a una perfumería que al día siguiente fue destruida por un camión que se quedó sin frenos y fue a dar hasta el fondo del negocio. Ahí estaba otra vez, de pie. No hubo poder que lo moviera. Corrí por mi cámara y al regresar, de nuevo había desaparecido.

    El día que abandonamos el hotel para la comida de despedida, mientras esperaba a la periodista marquense Lucky Braham quien nos guiaría al restaurante, se volvió a aparecer. Mis maletas ya estaban en el cofre del auto.

    Iba casi corriendo y con la sonrisa abierta. Su desnudez parecía no inmutarse con el intenso frío; la niebla escarbaba hondo en la tierra. Volteó hacia la acera donde yo estaba sentado, charlando con la colega Paty Cueto y amplió su risa. Movió los dedos, no se si en señal de saludo o simplemente lo imaginé.

    ?A este loquito le voy a tomar una foto ?dije en voz alta. La niebla lo había engullido de nuevo.

    Me quedé pensando: ?¿Es Joaquín del que aquel lector hace mención? Puede que sí. Cada loco tiene su particularidad y éste, talvez se parezca?. Talvez yo esté más loco que ése compa.




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